A mí me sacan a la gente de contexto y no la reconozco más. (Una penosa disculpa)

  El gomero en el colectivo. Mi jefe en la calle. Un alumno en la Afip. El mismo alumno de guardia de seguridad en un centro cultural. El mismo alumno en un recital en Orban Clob. No te jodo, el mismo alumno.

  (Nota al margen: flaco, si estás leyendo esto, por favor disculpame, no me funciona el detector de caras y vos te me aparecés en situaciones muy diversas. Cooperá y pintate el pelo de verde o tatuate la cara, porfis.)

   No lo hago de mala. Pasa que no me considero lo que se dice muy “hábil” socialmente hablando. No te ofendas, pero en general establezco relaciones funcionales y operativas. Te amo igual, amo a todos mis hermanos humanos. Pero no me pidas que te reconozca en la calle o que me acuerde de tu nombre.

Por qué pendorcho no te saludo cuando te veo en la calle

Tengo dos teorías: una es que voy mirando para adentro de mi mente generalmente ocupada en: recordar nombres de pokemons o a la Coneja Tostada bostezando, quejarme de algo, festejar algo común como lo nublado o lluvioso de un día, hablar sola, tararear una canción boluda que se me quedó pegada, inventar una canción boluda con una palabra que me dio gracia (como la Apostilla de la Haya), imaginar lo mejor o peor que me puede pasar en ese preciso instante (depende del humor), planificar diez proyectos millonarios nuevos para hacer ese mismo día, frustrarme por los diez proyectos millonarios que no funcionaron el día anterior, cachorritos y/o golosinas.

La otra teoría es que voy mirando cualquier cosa menos una cara. Posta. Cuando tener el pelo de colores raros estaba menos visto, en los 2000, me pinté toda la cabeza de un fucsia innecesario y *según la gente que caminaba conmigo* todo el mundo me miraba. Incluso ahora, a veces no me doy cuenta y estoy toda vestida de rosa, tengo unos tatuajes, el pelo de colores, parezco un marshmellow o Rainbow Brite (ve y googléalo, maldito millenial!) y no me entero si me miran o no. Sumale que te veo todos los días martillando un coso en mameluco y ahora estás desfilando en tanga para Virginia´s Secret, no pretendas que me acuerde, porfis.

  Una vez un ex compañero del secundario me encontró en el super y *no sólo* se acordaba de mi nombre sino que también se acordaba de que *yo hacía música* y fue un papelón porque yo no sé ni a qué colegio fui, en donde estoy, qué hago acá, en dónde doblé mal la esquina, qué hice de mi vida. ¿Cómo funciona el cerebro de la gente? Compungida, me puse a investigar (o sea, googleé).

Para todo hay un nombre

De pronto “Oh” exclamé. “¡Me caigo y me levanto!”. Hay un nombre para lo que me sucede: se llama “prosopagnosia”, me da mucha gracia la palabra, y como todo lo que está entre ser pleno (y con pleno me refiero a feliz y realizado en un estado de nirvana absoluto y beige) y estar muerto, está considerado una enfermedad mental.

Así que la próxima vez que te ofendas conmigo o con cualquier otra persona que no se acuerde de tu gracia, beneplácito, nimiedad, antropónimo, apodo o nombre, perdónalo. No sabes a qué infiernos PROSOPANGOSOS se enfrenta.

Saludos, persona misteriosa.

D.

PD: La imagen la saqué de acá https://aquietweek.com/2013/11/27/prosopagnosia-and-aspergers-in-the-family/

 

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One thought on “A mí me sacan a la gente de contexto y no la reconozco más. (Una penosa disculpa)

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